
Apostar por la equidad de género beneficia favorablemente a las empresas porque es ese el camino para crear entornos laborales más innovadores, inclusivos y resilientes; por ello, el sistema bancario peruano viene trabajando con compromiso en formular políticas que promuevan una mayor inclusión laboral de las mujeres en sus filas. Hasta el momento, de un total de 62,614 trabajadores dentro del sistema bancario, 32,682 son mujeres, representando el 52% del total de la fuerza laboral. Si bien la proporción decrece en las categorías laborales más altas, “la cancha se viene equiparando”, y la proporción de mujeres entre los gerentes y funcionarios se viene incrementando en los últimos años.
Por otro lado, la inclusión financiera es una herramienta clave para reducir la pobreza y mejorar el bienestar de las personas, especialmente, en combatir las brechas de igualdad de género, ya que promueve mayores oportunidades de generar recursos. El acceso equitativo a servicios financieros y una educación financiera de calidad hacia las mujeres brinda una oportunidad de empoderamiento social y económico, al brindarles las herramientas indispensables para generar sus propios ingresos, acumular activos y tener mayor participación en la toma de decisiones al interior del hogar.
En el Perú, existe una tendencia hacia el crecimiento de mujeres con mayor acceso a los productos financieros que ofrece hoy el mercado. Según datos de la Encuesta Nacional de Hogares para el tercer trimestre del 2020, la cantidad de personas adultas que tienen al menos un producto en el sistema financiero - cuenta de ahorros, o cuenta a plazo, cuenta corriente, o tarjeta de crédito – alcanzó cerca de los 10 millones, donde el 47% son mujeres (4.6 millones).

El porcentaje de adultos que accedieron a algún producto financiero aumentó en 9 puntos porcentuales en los últimos cinco años, de 34% a 43%. Sin embargo, la cifra para la población femenina fue de sólo 40%, mientras que para los varones fue de 46%. Si bien se observa un avance, aún existe una brecha por cerrar.
La crisis provocada por la pandemia del COVID-19 ha tenido un impacto negativo en la población, desencadenando pérdidas de empleos y reducción de salarios, siendo la población femenina la más afectada por el aumento de desempleo y pobreza. En ese sentido, la Organización Internacional de Trabajo menciona que existen una serie de factores que predisponen a las mujeres a caer aún más en la pobreza. Esta situación es posible observarla en el mayor impacto de pérdida de empleo en mujeres en nuestro país desde que empezó la pandemia.

Ante esta difícil coyuntura, garantizar el acceso de servicios financieros hacia las mujeres es crucial para promover el crecimiento económico y el desarrollo, no solo porque las mujeres son el sector más vulnerable, sino porque de ellas depende gran parte del bienestar de las familias. Por lo tanto, es importante fomentar la creación de productos y servicios financieros desde una perspectiva de género, diseñando productos que se ajusten a sus necesidades, tomando en cuenta las diferencias existentes en aspectos como la propiedad, las garantías y el nivel de ingresos, de tal manera que sean factibles para su uso.
De acuerdo con el Reporte de Inclusión Financiera de la SBS, a junio del 2020, el número de deudoras mujeres llegó a 3.6 millones, representando el 50% respecto al total de deudores. Destaca de lejos el incremento gradual de deudores mype mujeres, que para junio del 2020 alcanzó los 1.6 millones y representó el 58.7% respecto al total. Si bien su participación en los saldos de crédito es menos significativa, llegando sólo al 40% en el crédito total y al 46% en el crédito mype, en ambos casos esta participación muestra una tendencia al alza, lo que refleja que la brecha de género en el acceso al crédito en el sistema financiero viene cerrándose.

Permitir que las mujeres tomen control de su futuro financiero tiene efectos positivos en la sociedad, debido a que son más proclives a invertir en educación, alimentación y salud para sus familias. Según la FAO de Naciones Unidas, las mujeres reinvierten hasta el 90% de sus ingresos en el hogar, nutrición, salud, educación y en actividades que generen más ingresos para seguir progresando. Por lo tanto, el empoderamiento financiero de las mujeres es una apuesta a un mayor crecimiento económico y desarrollo de la sociedad en el futuro.
Como se ha mencionado, la crisis provocada por la pandemia del COVID-19 ha tenido un gran impacto en la economía, pero también ha mostrado grandes retos que aún quedan pendientes como sociedad: uno de ellos es la reducción de la desigualdad de género. Esta es una razón poderosa para que las instituciones financieras sigan trabajando arduamente en el desarrollo de productos financieros enfocados en las necesidades de las mujeres. Asimismo, el rol del Gobierno a través del sistema financiero es clave para el éxito de políticas públicas que promuevan mayor inclusión financiera, y con énfasis en la cobertura igualitaria por género. Finalmente, cabe destacar que no solo basta brindar mayor acceso a productos financieros a las mujeres, sino que es vital que este servicio esté acompañado de una educación financiera de calidad, ya que posibilita aumentar la autoconfianza, asegura mejor toma de decisiones y desarrolla mejores capacidades financieras, aspectos clave para una inclusión financiera sostenible.